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MENOS ES MÁS

8 abril, 2016

Es la primera lección que me enseñó la dislexia de Ángel. También es el lema de este blog.

Menos es más está relacionado con la idea de desaprender, pararse, desandar el camino y desprenderse. Y es una lección imprescindible de saber, para luego poder avanzar de forma ligera y firme.

El primer reto al que tuvimos que hacer frente cuando comenzamos a caminar, en nuestra recién estrenada “vida disléxica”, fue desaprender las posturas que Ángel adoptaba cuando se sentaba a hacer los deberes. No lo teníamos fácil, Ángel, con sus seis años, se resistía a coger el lápiz para escribir (ni te cuento su resistencia a coger la cuchara para comer). Siempre tenía los brazos extendidos a lo largo del cuerpo y no había manera humana de que los subiera a la mesa y cogiera el lápiz. En cada situación, te contaba mil cosas a ver si conseguía distraerte y así no enfrentarse a escribir. Al fin y al cabo ya no le quedaba más remedio, y lo hacía con tanta tensión que con el tiempo llegó a tener contracturado el trapecio derecho.

Esta lección de menos es más, la aprendimos gracias a Miguel Tello, el oftometrista de Ángel, a quien siempre estaré eternamente agradecida por sus sabios consejos. Aquí, me detengo a hacer hincapié en que es imprescindible creer en el profesional al que acudes.

Y lo repito, es totalmente imprescindible creer en ellos, confiar y hacer lo que te dicen que hagas, y hacerlo al pie de la letra, y además todas las veces que te lo dicen.

Parece obvio, pero aquí está el secreto de que Ángel a sus 14 años y disléxico perdido, comenzará a volar solo.

menos-angel

Además, haciendo los ejercicios de la terapia optométrica neurocognitiva, todos los días durante diez minutos, no teníamos NADA que perder y sobre todo era indoloro.

Como menos es más, seguro que ganábamos algo.

Con pleno conocimiento de lo que decía, Miguel me advirtió “no vas a notar ninguna mejoría en meses, ninguna, pero, por favor, continúa, no lo dejes”.

Y así lo hicimos, no dejamos de hacer ningún día los ejercicios de terapia visual cuyo objetivo era, entre otros, conseguir la convergencia en la mirada y la lateralización correcta del ojo. Volvíamos de nuevo a consulta sólo cuando Ángel hacía los ejercicios fácilmente, y sí ya los había integrado, nos prescribía unos nuevos. Seguimos así dos años, y ya se notaba una gran mejoría. Ángel estaba aprendiendo a compensar la dislexia.

Gracias eternas, Miguel Tello, por esta magnífica lección, de menos es más.

Cuéntame que has tenido que desaprender; si lo has conseguido y como fue.

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