Lo que puedes probar

La dislexia necesita una mentalidad en movimiento

26 octubre, 2017

¡Todavía, no! Not yet!

Carol Dweck

 

Hace unos meses leí  “Una voz escondida” de la iraní, Parinoush Saniee,  basada en un hecho real, cuenta la historia de Shahad Jun, un niño que no habló hasta los siete años y fue tildado de “tonto”, “hacía  cosas de retrasados”, “no era normal”. No era ni mudo ni sordo, se limitó a cumplir la profecía que anunciaban las palabras con las que le etiquetaban. Las burlas y la animadversión, le obligaron  a encerrarse en su mundo donde únicamente hablaba con sus amigos invisibles. En realidad, Shahad es un niño muy inteligente que se da cuenta que su padre no tiene tiempo ni ganas de preguntarse el porqué no habla, y menos de defenderlo. Su orgullo herido por no tener el hijo que esperaba le lleva a humillarle e ignorarle. Su madre lucha por rescatarlo de su incapacidad para hablar y fracasa. Sólo su abuela, con naturalidad y demostrándole su lealtad consigue sacar al niño del bloqueo en el que se encuentra. La historia termina bien, aunque con unas aciagas secuelas para el niño estigmatizado y para los que le rodean.

Esta  lectura me hizo pensar y  reafirmarme en lo importante que es usar palabras no autolimitantes. Una comunicación no violenta que nos haga la vida más fácil a todos y, en particular a los niños con dislexia quienes ya tienen bastante en aprender como está establecido. No es fácil, tampoco imposible, pero hay que comenzar.

Como no recordar las etiquetas que la ignorancia y en palabras de Carol Dweck “una mentalidad fija”, ponen  a los niños, que como el mío, son disléxicos: “a este niño le pasa algo”, “es vago”, “no se entera”, “le cuesta mucho”, “si sigues así, vas a repetir”, “ya se ve que no has estudiado mucho”– cuando el fin de semana anterior  había dedicado más de diez horas (no exagero, los disléxicos trabajan muy duro) a la endiablada lista de los verbos irregulares ingleses-. Etiquetas que, en ocasiones,  también se acompañaban  de  risas de los compañeros y de miradas o silencios de conmiseración de los adultos.

¿Y qué le podemos decir a un niño que continuamente le etiquetan? Siempre he considerado una gran suerte que mi hijo contase en casa lo que le decían y lo que le dolía, buscando el bálsamo de mi incondicional alianza. Cierto es que, aunque la impotencia, la indignación, y también la rabia se quedaban en mi estomago sin digerir, intentaba suavizar su dolor, explicándole que desconocían qué es la dislexia y, sobre todo, que no sabían que realmente es un don. “Nosotros a la nuestro, tenemos mucho que trabajar y aunque ahora cueste, llegará un día que brillarás”. Y, terminaba con un  tranquilo“no vas a repetir, vamos a trabajar”, “el próximo exámen lo bordas porque solo necesitas un poquito más”. No le daba más importancia y nos poníamos a estudiar, con ganas, y lo que es más importante, conseguíamos pasarlo bien.

En realidad, estos profesores o padres desconocen y, por ello, no pueden transmitir a sus alumnos o hijos que el cerebro se fortalece igual que un músculo; desconocen que el aprendizaje lo cambia y crea nuevas conexiones neuronales. Tienen una mentalidad fija, son incapaces de hacer salir a los niños de la zona de confort o del bloqueo en que se encuentran, y justifican los malos resultados con un “no todo el mundo es bueno en matemáticas” o “no eres como fulanito”, indicándoles el camino directo a uno de los efectos más perjudiciales de la educación: la inaceptable estigmatización o etiquetado de un niño, que cree que sus habilidades básicas, su inteligencia y su talento son sólo rasgos de la personalidad, determinados en el nacimiento y que siempre van a ser así. Una de las consecuencias más graves de esta mentalidad fija es que lleva a no esforzarse: quien tiene poco talento considera que no puede cambiar nada, y quien tiene mucho cree que no necesita esforzarse.

…la inaceptable estigmatización o etiquetado de un niño, que cree que sus habilidades básicas, su inteligencia y su talento son sólo rasgos de la personalidad, determinados en el nacimiento y que siempre van a ser así.

Por el contrario,  si las creencias de los adultos son las de una mentalidad de crecimiento, ese “todavía no”  de Carol Dweck,  anima al niño, le alienta a seguir trabajando duro, le facilita estrategias para mejorar y le trasmite que su inteligencia y sus habilidades se pueden desarrollar, y que los retos solo son oportunidades para crecer.

Ni que decir tiene que la dislexia sólo necesita  esta mentalidad en movimiento, y que debemos hacer un gran esfuerzo  para que todos nuestros niños disléxicos  escuchen, sólo, este “todavía no” y  lo lograrás porque tu cerebro es permeable, porque eres listo y porque te vas a esforzar .Haciéndole saber que mientras lo consigue estamos a su lado y le ayudamos.

No podemos contentarnos, tenemos que intentar que los niños con dislexia estén rodeados de adultos con una  mentalidad de crecimiento: “ese todavía no, pero lo conseguirás”. ¿Me ayudas?

 

 

Mi agradecimiento  a Olga @cerrandoplano por la preciosísima mirada  que ilustra esta entrada.

Tal vez te guste

1 Comentario

  • Responder Mariángel Alonso-Genis 28 octubre, 2017 at 20:32

    Una vez más y como siempre UNA DELICIA DE HISTORIA Y DE PROPUESTA.
    ENHORABUENA, Hermanita

  • Publica una respuesta